sábado, 15 de noviembre de 2014

Cuento breve para acabar con todos los cuentos




“La tarde huele a paja quemada y los murciélagos bailan dentro de un vapor de oro mientras tú vas pasando las hojas de un álbum cuyas imágenes son humo de la memoria. “ Manuel Vicent.

Érase un país gobernado por un mal actor secundario. Muchos de sus ciudadanos eran ladrones profesionales que impulsaban una cleptocracia y plutocracia de sociedades anónimas, bancos en quiebra y monaguillos viajeros.

La marea los había arrastrado a distintas playas, unos robaban desde su tarjeta black y otros atemorizan a las poblaciones con su fracking y luego cobraban 1.300 millones por adelantado por dejar el fondo marino agujereado

Otros robaban desde el boletín oficial o con cajas en B, recibían “donaciones” por el otorgamiento de obras públicas o hacían ERES donde jubilaban con 30 años al novio de su portera.

Al cerrar aquel álbum de fotos se pondría pensar que la población era muy desgraciada. Que robaban sus salarios y pensiones, les recortaban en sanidad y educación y atracaban sus pensiones
.
Era verdad. Y los desahuciaban de sus casas para que los bancos que habían recibido miles de ducados de ayuda pública para frenar sus miles de agujeros negros pudieran presumir de una eficacia que nunca habían tenido. Ni tendrían.

Casas reales, infantas con sus yernos, aristócratas, clérigos, altos funcionarios, políticos, alcaldes, concejales… robaban con fruición y a diario. Los jueces miraban los cadáveres del techo y para no oler la corrupción usaban mascarilla.

De pronto apareció un flautista que encantó a aquellas ratas. Tenía coleta y tocaba el violín además de la flauta. Las ratas quedaron paralizadas por el miedo y corrían, insomnes, detrás del flautista.

El flautista de la coleta las llevó a un acantilado, dio un paso al frente y todas las ratas (y ratos) cayeron al mar.

¡A galopar a galopar hasta enterrarlos en el mar!


Y colorín colorado…

jueves, 13 de noviembre de 2014

Vuelve el matonismo a la política




No hacía falta más. Vi la rueda de prensa del Consejero de la Sanidad de Madrid y sabía que habían vuelto.

Más aún: oí al vice alcalde de Valencia y comprendí que nunca se habían ido.

El primero evoca directamente la chulería, el orden de los ganadores y el descrédito del esquilado;  El segundo nos devuelve a la dialéctica de los puños y las pistolas. Al pelotón al amanecer en la tapia del cementerio.

El segundo es la chulería fascista, el heredero del “porque me da la gana, eh, es bastante” y el primero se reviste de las “razones” del falso acusador ante el tribunal militar y el juicio sumarísimo.

La sociedad tiene una hez. Lamentablemente estas heces, a veces nos gobiernan.  En ninguno de sus modelos es fácil encontrar alguna virtud. Son la casta y la caspa. La “marca” y  pelo de la dehesa.  El cara al sol y la camisa azul.

Llevan siglos entre nosotros. A veces se llaman Franco,  otras Fernando VII,  Billy el Niño o Fraga. 
Pero son los de siempre: los matones de la raza, la furia hispánica corrupta, el toro de Osborne, los limpiabotas y los chulapones de todas las verbenas verbeneras.

Da la casualidad, que en esta manifestación temporal, los dos son cirujanos. A saber de qué.

Asombra la capacidad de sadismo que tienen algunas formaciones políticas para reclutarlos y para hacerlos convivir con cobradores de sobresueldos, o de comisiones, o montañas de alcohol subidas a un volante.

Si Goya viviese no compondría sus aguafuertes con manolos y cejijuntos con zapatillas de esparto. Su fuente estaría en estos laxos regidores del escaño y el sobre, que dan lustre a un tipo peculiar de nuestra raza: el lobo con corbata y la vida resuelta.


Verlos en la televisión nos puede dar un ataque de pánico o de rabia, pero nuestros sueños ya terminaran siempre en pesadilla. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

La sociedad civil catalana nos regenera y hace libres




Con apenas una mínima perspectiva temporal la convocatoria electoral del 9-N en Cataluña se ha saldado con un fiasco importante del Gobierno Central y un triunfo contundente, no ya del independentismo, sino de la ciudadanía catalana.

En los tiempos que corren, una muestra de regeneración moral y cívica como la realizada por los ciudadanos de Cataluña pasa al acervo común de los pueblos y las libertades y mejora nuestra condición global de ciudadanos del mundo.

La imagen de personas de toda edad y condición aguardando durante horas para ejercer un derecho tan denostado y aparentemente inútil como el de voto ante una urna  nos reconcilia y regenera a todos.

La sociedad civil y las organizaciones ciudadanas catalanas han llevado en volandas, y en ocasiones a rastras, a sus políticos y caducas formaciones, y han impulsado un proceso ejemplar de como los derechos de decisión, expresión y manifestación son, y se deben convertir, en irrenunciables.

El Gobierno Central, torpe, anacrónico y lastrado por un mar de corruptos y corrupciones, no ha pasado de la amenaza tabernaria y del recurso infame del legalismo, que no le exime de su responsabilidad en la falta de visión y acercamiento de la realidad que desea, y por otro lado padece, el pueblo ingobernado por una casta miope, con una rancio centralismo y soportado  en el peor de los nacionalismos, el patriotero y secular de los privilegiados.

La consulta se ha hecho posible porque las organizaciones ciudadanas han importado 42.000 voluntarios, que sorteando amenazas, obstáculos y provocaciones del patrioterismo carpetovetónico, llevan germinando, organizando y aportando inteligencia colectiva a un proceso que se ha mostrado imparable.

Todos, los ciudadanos de cualquier lugar de este solar arrasado que llamamos “España” hemos ganado con esta consulta. Hemos comprobado que la desobediencia es posible, por encima del juridicismo leguleyo, de las estrechas fronteras de las estrechas mentes gobernantes, sólo amplias en corrupción y bagatelas.

Los “chulos de taberna” gubernamentales se han jactado una y mil veces de que la consulta no se iba a celebrar, y su palabra, su imagen y su capacidad han quedado literalmente arrastrados por el lodo de su manifiesta incompetencia.

Han ejecutado un proceso desestabilizador frívolo, descalificante, han reunido millones de firmas desde la mentira y el odio entre pueblos, ha propiciado una sentencia del Constitucional tan irresponsable como sus miserias y sus carnets de partido y luego, en el colmo de su torpeza, acusan a la parte contraria de sus errores e incapacidad.

Sana envidia de una ciudadanía que en la calle, en las urnas y donde tiene que hacerlo ha respondido al insulto, a la descalificación gratuita de gobiernos y campañas mediáticas, con inteligencia y trabajo.

Si hubiera que valorar un punto de salud en el nefasto panorama de nuestra realidad diaria, con contabilidades  en B, financiaciones ilegales, contratos adjudicados al mayor donante, expoliadores de lo público  y pendones viajeros, no habría nada mejor que esa imagen del entusiasmo de una multitud de voluntarios, defendiéndose a sí mismos y a la razón.


Esa ciudadanía anónima, que mete en los hígados del estado a 2.250.000 voluntades nos llega grande, sin concepto, como la inmensa sombra de la libertad. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

VERSION DE “MI QUERIDA ESPAÑA



Mi podrida España.
Esta España viva,
esta España muerta.

De corrupta cierta
ahora ya te expolian
hasta la cabeza.

¿Dónde están tus bancos?
¿Dónde tus ahorros?
¿Dónde la realeza?

Mi podrida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi podrida España.
Ladrones de España,

de esta España vieja.

De las alas quietas,
de las vendas negras
sobre carne abierta.

¿Quién pasó tu hambre?
¿Quién bebió tu sangre
cuando estabas seca?

Mi podrida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi podrida España.
Esta España en dudas,
esta España cierta.

Pueblo muy robado
Por gurteles y Bárcenas ,
Peperos de mierda

Quiero ser tu juez
Cortar  las cabezas
Devolver la voz


Mi podrida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi podrida  España.
Esta España mía,

esta España nuestra.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El Constitucional como criada para todo del Gobierno



El Tribunal Constitucional, tan alto como inexistente, se pliega en menos de un mes tres veces al dictado del Gobierno deslegitimado de turno. Sus recursos son ley, pronta, inmediata.

Cuando de consuno tardan meses y años en admitir un recurso o dictar una mixtura de ley, ahora se han reunido en menos de 24 horas, y hasta en domingo, para dar aquiescencia a una petición de “su” Gobierno.

Es fatal, Montesquieu, está definitivamente muerto y enterrado. Tronos, corrupciones y tarjetas en negro ofician el funeral.  En poco tiempo se han llenado de toda la certidumbre podrida de este estercolero en forma de Estado.

Falsamente severos, intangibles y vestidos de negro luto, sus togas, manguitos y puñetas se han puesto al servicio incondicional del crédito y del poder.

Le han dado una patada en los huevos a la democracia prohibiendo votar a catalanes y canarios sobre algo tan incuestionablemente sacro como las señas de identidad de un pueblo o el miedo al chapapote genuflexo de los corruptos de la industria y el horror ecológico.

Ya ha dejado de ser preceptivo confiar en la justicia. Ahora es un adobo del poder de las multinacionales, la banca y de los partidos financiados ilegalmente. Arguyen leguleyas razones, pero sus partes pudendas han quedado al descubierto.

El propio Montesquieu dijo: “Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”

El Tribunal Constitucional, que tiene pendiente la admisión a trámite de un recurso contra una reforma de la mal llamada “ley de leyes”, hecha con agosticidad y alevosía, como es la del artículo 135, que antepone los intereses de la banca internacional a la soberanía nacional, ha demostrado que tiene de todo menos grandeza y que su apego a los partidos que los han nombrado está por encima de las gentes.

Los magistrados son poco más que estatuas, susceptibles de tropezar con el error y hacernos sufrir sus hechizos y sus ascos. Son efigies de esta mazmorra de país e instrumentos de un poder anclado en la basura.


Sus dictámenes son una blasfemia, un preservativo de la democracia. O, simplemente, un escándalo. 

sábado, 25 de octubre de 2014

Una foto para morirse de asco




Veo el horror del contraste en una fotografía. Su dimensión, nos pone al borde de la quiebra moral, económica y política.

De un lado, los jóvenes africanos trasmutados al límite extremo de la desesperanza.

De otro, un mundo artificialmente verde, insaciable e insensible.

Unos juegan al golf, relajados, abocados a que una fuerza represora y cruel  defienda su mundo de privilegios.  Otros, encaramados en el agotamiento, el dolor y el hambre, subastan, sin quererlo, su miseria a un fenómeno de vacío.

Los amos del mundo, defendidos por la civilización cristiana y occidental, frente al África expropiada y colonizada en sus riquezas, allanados en sus derechos como seres humanos por el insaciable rigor de la hipocresía de los estados y los gobiernos.

Arrasada nuestra mente, al descubierto nuestra falsa humanidad de pacotilla, puestos en almoneda nuestros falsos principios de dignidad y justicia, quedan los sepulcros blanqueados de la fe, de la comunión diaria y la proclama inútil de la ley y la justicia.

Quedamos retratados en la imagen, ¿dónde está el límite del horror? ¿Entre la muerte por agotamiento y hambre, y los pulcros jugadores de un deporte de élite sufragado por fondos públicos, en triste ironía para “promocionar el desarrollo de los pueblos? ¿De qué pueblos?

La magnitud de la imagen agota todo derecho. Habla por sí sola.  Solo la propia condición ignominiosa del ser humano puede hacer que no nos juzguen a todos por ella. Es de juzgado de guardia. Y de cárcel. A la “civilización cristiana”. A la marca Europa. A la marca España.

Un colosal vacío se abre ante nuestros pies. Van a seguir viniendo. Y nosotros vamos a seguir jugando al golf y votando a los saqueadores de bancos y derechos.

El fenómeno salta de categoría, es decir, cuando las leyes de la política económica sean abatidas por las leyes de la demografía.


No habrá vallas. El crimen y el castigo serán una ecuación irreversible. 

jueves, 23 de octubre de 2014

El silencio de los corderos…españoles




Nuestra realidad cotidiana se ve zarandeada a diario por la aparición de nuevos casos delictivos y de corrupción. El poder político español está deslegitimado ante la opinión pública y la más elemental idea de justicia.

Pero no es el caso de unos partidos y unos políticos corruptos, que lo son, sino a una podredumbre de mucha mayor intensidad que afecta, medularmente, al sistema, en su conjunto.

La Constitución de 1978 es una norma obsoleta, incompleta e incumplida.

La Monarquía es un soporte para el enriquecimiento de sus miembros y sus integrantes, pasados y presentes,  no gozan del respeto ni de la confianza de casi nadie.

El Gobierno de la Nación es una concentración de empleados a sueldo de la oligarquía financiera, sometido al dictado y vasallaje del capitalismo internacional y de una asociación de clanes empresariales y delictivos.

Los partidos políticos, con una estructura decimonónica y antidemocrática, son un sumidero de corrupciones varias e intensas. Unas asociaciones dadas a la mentira, al fraude y al robo organizado. 

Su financiación es regularmente ilícita.  Una “casta” cómplice de la expoliación sistemática al pueblo.

La justicia, infectada de ideología franquista, es  lenta, desigual, parcial y únicamente aplicada a las personas sin poder y recursos. La judicatura es otra manifestación de la casta, defensora de privilegios, que sólo reacciona para expulsar a los miembros que los pueden poner en peligro.

La fiscalía y la policía actúan al dictado del poder, son armas defensivas de una minoría que gobierna a la sombra y al sol.

Una confesión religiosa goza de privilegios, financiación y fiscalidad medievales. Se dedica a la expoliación y pillaje de los bienes públicos.

La banca y el empresariado son de un capitalismo grosero y primario. Juegan, con la aquiescencia del poder, a la privatización de beneficios y la socialización de pérdidas. Su política laboral tiene el esclavismo como horizonte y el fraude fiscal como norma.

La corrupción lo impregna y baña todo y los escándalos que aparecen son la expresión puntual de una mínima parte de todo el entramado existente.

El país es pobre en recursos, ideas e inteligencia colectiva y contempla, sin apenas cuestionarse, la blasfema realidad de la historia y del momento presente.


Una total crisis de sistema, valores y normas. Una historia sin entierro. Un apabullante silencio de los corderos antes de entrar en el matadero.