miércoles, 31 de enero de 2018

La revolución de los pensionistas








Pensión mísera, caridad, sopa y policía: ésta será para siempre la dieta de los pensionistas en esta utopía capitalista que ha terminado.

En un tiempo pasado se hacían revoluciones, se cortaban cabezas y se asaltaban los palacios de invierno. Ahora no. Ahora una ministra te manda una carta y te condena al hambre, “haciendo, ella y su Gobierno, un gran esfuerzo”.

Exhaustos por el “esfuerzo”  los ministros, los líderes de los partidos del Ibex y el Opus, los bancos, los presupuestos de Defensa, las dietas, los coches oficiales… creyeron que el hambre de la humanidad les era accesorio y se refugiaron enrocados, en sus mayorías de ocasión, en el amparo de sus jueces comprados y de su prensa vendida por treinta monedas de mentira.

Y, formando con ella una tempestad que el viento de la postverdad  alimentaba, trataron de contener los diques del viejo orden. Algunos días de gloria conmovieron entonces al mundo. Exaltados por las cartas ministeriales, por el hambre de sus nietos o por el paro de sus hijos,  los pensionistas más ardientes, blandiendo su 0,25 %, penetraron en moncloas, ministerios y  palacios y por un momento la rebelión y el hambre  se unieron  a la rabia.

En esta dirección tomaron parlamentos, senados, gobiernos autónomos, ayuntamientos y “cuevas de Alí Babá” y comenzaron a arder decretos, ministras y constituciones interpretadas por bien pagados perritos falderos.

La guillotina volvía a las calles, el paraíso en la tierra era posible. Y pronto surgieron todos los desesperados del país a formar un sindicato de agraviados: pensionistas, parados, desahuciados, preferentistas, milagreros de la virgen del Rocío y receptores de cartas innombrables… a llenar de aires de revolución las grandes alamedas de la libertad.

De ese sueño los proletarios de aquel país hicieron una patria común, sin banderas en los balcones y sin cabras legionarias, la cual también dio cobijo a los parias y a los visionarios. La esperanza sirvió para hacer una gran estampida de la sociedad en la que la Revolución era iconoclasta.

La libertad convertida en otro viento se llevó aquella jauría  corrupta, aquel sueño que el desencanto ya había arrebatado. A partir de ahora los desesperados de la tierra no recibirán cartas del “gran esfuerzo”  de modo que la revolución social se hará a navaja, uno a uno, en cada esquina. Usted podrá realizar los esfuerzos que usted quiera con su pensión sin que interceda la Virgen del Rocío, y donde no llegue el pan llegará la guillotina del pueblo.


Servida por el poder, reinará la rebeldía; en las esquinas se verán las caras de los corruptos y los genitales de los ladrones del dinero público; todos los reyes se exiliaran a Santa Elena y los mastines se mearan en sus coronas y toisones. 

Y todo el mundo se ciscará en los telediarios. Si ya no es posible un paraíso en la tierra, si impiden nuestros sueños, no les dejaremos dormir. 

domingo, 14 de enero de 2018

La temporada “taurina”






La “Fiesta” nacional sigue en plena crisis. El escalafón, encabezado por un  diestro tramposo y marrullero, “La Trotona de Pontevedra”,  ha desarrollado una temporada de bajo nivel donde han abundado los toros devueltos al corral, los achuchones y las broncas desde el tendido.

Especialmente grave ha sido el desarrollo de la “fiesta” en Cataluña, donde el 1 de octubre hubo una capea general, con muchos heridos por porra de piolín, de la afamada ganadería de Pérez de los Cobos, “Machaquito del Tibidabo”,  y en  la que el hierro del PP ha impuesto el miura “155” que ha corneado con violencia derechos, parlamentos y ciudadanos.  Ha obligado a tomar las tablas al diestro Carles Puigdemón, “Flequillito de Bruselas” y ha mandado al cuartelillo al espada Oriol Junqueras, “El Barrotes”.

Estos hechos han obligado a la celebración de una corrida extraordinaria el pasado 21 de diciembre donde al “artista” Xabier García Albiol, “Hitlerito de Badalona”, le han dado los tres avisos y ha salido arrollado por los morlacos que le han roto el traje del grupo parlamentario.

Los cronistas taurinos del sobre de la “Caverna” ha declarado triunfadora del festejo a la mujer torera, Inés Arrimadas, “Fachita de Jerez”, apoderada por el Ibex 35, torera de poco arte y mucho miedo que ni siquiera hace honor a su apellido y se “arrima” poco y solo se envuelve en el capote de paseo de la banderita nacional.

Los toreros llamados a sí mismos “constitucionalistas” ha dado poco juego en general y no han convencido al respetable y aparte del desastre anunciado de “Hitlerito”, el diestro Miquel Iceta, “Bailongo del PSC”,  ha tenido poco  eco con su toreo amanerado y bailarín ante los cuernos de los astados.  Los ya mencionados “Flequillito” y “Barrotes”, no han podido dar muestras de su arte y han tenido que ver los toros desde los tendidos de la Maestranza de Bruselas y la Monumental de Estremera.

La buena prensa obtenida por “Fachita de Jerez” ha relanzado la trayectoria taurina de Albert Rivera, “Falangito del Ibex”, que ya se ve presidiendo el escalafón después de desbancar a la “Trotona”, muy afectado por los desplantes al tendido de Rodrigo Rato “El Mercados” y la aparatosa cornada sufrida en la Monumental de las Ramblas por su sobresaliente o virreina,  Soraya Saenz , “Menina de Fachadolid”.


La Trotana viene haciendo faenas de aliño a los toros “Corrupción”, “Gurtel” y la vaca “Púnica”, pero no se descarta que tenga que tomar el olivo ante algún derrote imprevisto de su lidia en el Coso de los Juzgados.

Sus peones de confianza, como sus picadores Luis de Guindos, “Chiquito de Bankia” o Cristóbal Montoro, “El Orejas”,  no paran de barrenar al noble “Pueblo” que ya no tiene fuerzas ni para embestir.

Por otra parte, el ganado de Los Génovas sigue abasteciendo los corruptos  ruedos nacionales, aunque la cuadrilla de los Bomberos Toreros, compuesta por Rafael Hernando, “Franquito de Guadalajara”,  Pablo Casado ,“Guerrita de la Memoria”, y Celia Villalobos, “La Verdulera” , intenta que una desacreditada ganadería andaluza, “Los Eres”, que pasta en los terrenos de “El Pelotazo”, tome protagonismo, alentado por la mujer torera,  Susana Díaz, “La Fontanera”, ante la llamada que el presidente de la corrida ha hecho a Manuel Chaves, “Cabezón de Ceuta” y José Antonio Griñán,  “Falanguito del PSOE”.

Otras mujeres toreras como, Fátima Báñez, “La Niña de las Monjas” y Dolores de Cospedal  “La Diferida”, vienen arrastrándose por los ruedos a base de bajonazos y subidas al olivo, puyazos al trabajador o la Sanidad Pública o compras de tanques,  siempre superadas negativamente por las crónicas taurinas de Eduardo Inda “El Cloacas” o de Francisco Marhuenda  “Carnicerito de la Razón”, que hacen de mozos de estoques de la “Trotona” o  que están encargados de llevarle el botijo al “maestro”.

Mientras, la banda de payasos toreros  de “El Empastre de Génova”, que lidera Dolores de Cospedal, “La Diferida”, sigue provocando la carcajada en los ruedos en la lidia de sus “becerros” y la ganadería de monseñor Rouco Varela sigue sin pagar un duro de impuestos, pese a lo caras que están las entradas para los tendidos de “sol”.

Los diestros de otras empresas, como Pedro Sánchez,  “El Calambres” o Pablo Iglesias “El Coletas”, tienen pocas ocasiones de lucimiento ante la bronca y el bochorno que provocan las “faenas” de los diestros que mandan, cortos de estatura y que sólo saben torear con la derecha para los aficionados con sombrero de la Banca, que ocupan las barreras de sombra.


¡Dios ya ha repartido suertes y les ha caído a los de siempre!

martes, 9 de enero de 2018

El abominable ministro de las nieves





El PP gobernaba el país rodeado de patriotas y banqueros a las siete hierbas.  Sevilla era una ciudad maravillosa que “les pertenecía”. A ellos, señoritos casposos, capillitas, rocieros y fachas con cara de “capataz paso palio”.
No era imbéciles en absoluto, pero casi.  Eran caballeros jaraneros, diestros en manejar el caballo y maestros en refrescar manzanilla. Licenciados en “sevillitas” de palco de la calle Sierpes o Plaza Nueva y de la caseta privada –jamón y gambas de abril- para señoritos con y sin caballo.

-          Déjalo ya, Mariano. En el fondo, Juan Ignacio es sólo un poeta. Un giraldillo con papada.
-          Sí,  pero tiene la mala leche de los gatos romanos.
-          Es que es un moralista de provincias de martes a viernes. El resto de la semana vive a la sombra de la Torre del Oro.
-           
Su amigo, que vivía en un piso de lujo propiedad de la Guardia Civil, vigilaba por el tráfico. Aunque las noches de nieve e invierno dormía calentito en su casa. En su despacho.  Era la imagen sevillita troglodita al que le había robado el caballo y el sombrero de ala ancha. Lloraba lágrimas de manzanilla cuando viajaba a Madrid, en el AVE –zona de bussines- desde la “Sevillilla de su arma”
Los compadres volaban, a media altura,  sobre los langostinos en el vértice sabatino de la euforia del fino, del barrio de Santacruz al de Triana, con olor a azahar y chorizo en la solapa.
Que no le hablaran de atrapados en las autopista de las nieves privadas, eran la pena negra del flamenco en el tablao de la libertad per cápita del fascismo pepero. Eran los vendedores de la Biblia popular del sobre y el enchufe.  Sotobarba del despotismo elitista de clase acomodada.

-          José Ignacio, somos los más grandes de la seguridad nacional y otras cigalas.
-          ¿De verás, tío?
-          El no va más de las Direcciones Generales, incluidos tráficos y nevadas.
-          Pues al José Antonio lo tengo reprobado.
-          Es que no es de Serva la Bari.
-          Sí, pero contrató al Piolín.
-           
La noche del 5 de enero de 2.018 Juan Ignacio vivió una noche negra.  Su FC perdió ante la canalla verdiblanca en el propio Sánchez Pijuán de fascista nombre y su amigo Goyo, designado por la gloria de la Macarena, se calentaba en el despacho de su casa, mientras 3.500 vehículos se llenaba de hambre y nieve en los túneles de Navacerrada.
Una farándula pepera de cargos y servicios a la propiedad privada con un poco de aceitunas y rebujito. La plasta con urticaria del franquismo sevillano,  vestido de chauvinismo cateto.

-          ¿Sabe usted, mi infancia también son recuerdos de un patio de Sevilla
-          Ahora hablemos de enchufes.

-          Sevilla y España nos pertenecen.